30 jul. 2009

La [cuarta] pared

Toda huída es una huída hacia delante. Nadie huye hacia atrás, aunque vuelva los pasos. Retroceder es sólo un acto de memoria para las tres dimensiones. Una vez completado el círculo, hemos trazados espirales, y el mismo punto no es el mismo punto.

La cuarta dimensión es como la cuarta pared; somos sólo la confrontación de lo que vivimos. Estamos hechos de los momentos a los cuales no podemos volver.

El escenario se encontraba vacío. Un único foco sobre las tablas negras alumbrando el suelo. El saltimbanqui pirueteó adentro y afuera en una sucesión de luz y oscuridad, con el leve sonido de las suelas de ballet deslizándose en silencio. Repetía el mismo círculo una vez y otra, como sacado de una caja de música. Realizaba el ejercicio mecánicamente; su mente ajena a su cuerpo.

El espectador en pie tejido en la penumbra. El círculo abriéndose como un amor perdido. El movimiento fluido de quien decodifica el espacio en pensamiento. Desdoblándose, resonando, resbalando; del aire al suelo, del suelo al aire. El saltimbanqui tropezó con la primera fila y el saltimbanqui era un niño. Y ojos parejos a los suyos lo miraron con asombro, diciendo: Hermano.

El saltimbanqui sintió apenas un segundo el tacto de su mano, cuyo calor quedó atrapado debajo de la piel. Su danza despedía ahora un fulgor desconocido, gravitando. Una lágrima escurrió por la mejilla de una mujer que dijo: Todo. A contrapunto, el saltimbanqui se elevó sobre el resto.


Volvió en el cuerpo de un joven. Sus pasos, primero anónimos y mecánicos ahora conscientes en torno a la luz. El resbalar de las suelas menos aéreo, más lírico. Cegado por el foco, tropezó a mitad de movimiento. La silueta, oculta en la penumbra susurró a su oído: Amor. Y algo se quebró en el momento, como si ninguna música en el mundo hubiera nacido. Como si todo hasta entonces hubiera sido noche. Y la silueta bailó consigo.

Agitado, desacompasado y nuevamente solo, el saltimbanqui trastabilló lanzándose al vacío.

28 jul. 2009

Otro [Sueño]


En aquel cuento la princesa había de casarse con Otro.

¿Qué hubiera ocurrido si hubiera decidido casarse con Otro? - No hay quien nos salve de nuestros propios dragones.

When I look on in your eyes then I'll do better *.

Y aquella frase quedó colgando en un folio, en alguna carpeta. A donde va el polvo, los borradores manchados de tinta y los veranos de la adolescencia.

Fué entonces cuando le miró a los ojos, y le dijo: Prefiero seguir soñando contigo. 

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*'74 - '75, The Connells.