17 dic. 2009

Aeropuertos


Los aeropuertos son grises como la lluvia. Neutros contenedores que no van a ceder sus esquinas a nada humano. Están ahí, con su aire climatizado y seco, sus bolsas del duty free y sus tiendas caras. Un recipiente aséptico de emociones. De comienzos, finales y tránsitos.


Los aeropuertos han desbordado siempre mis lágrimas. A veces por dentro, otras más allá. Explíquese Vd. delante del agente de aduanas que llora porque no sabe parar. Haga comprender que sólo cuando parte ha encontrado su raíz. Que el mero trámite es un desgarro de un tejido invisible que le escinde en dos o mil pedazos. Que no puede responder las preguntas porque se le ha atragantado una alambrada metálica y está rezando porque sea electrificada y alguien la conecte.


Put a brave face. La sonrisa torcida, como sin alma. Solodolor. Los pasillos, las puertas, escaleras mecánicas. Los grupos de turistas, los recién casados, los equipos de fútbol. Recomendación de seguridad aeroportuaria: Nunca abras esa carta hasta no estar en el avión.


El desfase horario no es sino un corazón que late más deprisa o más despacio, inadecuado a la aceleración de los demás. Como aceite que resbala sobre el agua. No consigue sumergirse, no consigue frenar. Y el aire no entra en los pulmones por más que respirar sea automático.


Un aeropuerto como un punto y aparte. Con un poco de suerte como un punto y seguido, y no será del plomo suspensivo, y no será la distancia un precio a pagar.

16 dic. 2009

No[e]stalgia


Debe de ser el frío. El ánimo post-fiesta idéntico al afterglow de unos fuegos artificiales. Cuando la piel se encuentra más desnuda, justo después de haber dejado caer todas las máscaras. Debe de ser esta noche que se me extiende por dentro, una y otra vez. Como una marea sin luna.


Entonces el frío. O algo que se me queda en la garganta con un resquejo amargo. Todas las palabras han sido dichas antes y qué importa si todo lo traigo repetido. Las formas geométricas del agua sobre el vidrio, la escarcha punzante, esta luz blanquecina que amenaza.


Había cerrado la puerta pero es como una avalancha. No hay quien lo contenga. Se filtra entre las rendijas de mis pestañas.