24 nov 2010

Y no sé por qué.

He de oir la tristeza en todo su canto.
Como aquel racimo de uvas que iba madurando
y no sé por qué.

He de oir la tristeza y en su llanto,
desentramar la senda de los días.

E ir cosiendo piedras a este saco,
para vencer la ingrávida alegría.

8 comentarios:

  1. Quiero un jardín para las tardes frías
    un sitio blando para contemplar
    el desvanecimiento de las horas
    y acompañarme de vino y llanto
    mientras el silencio me cobija
    con su sustancia hecha de palabras muertas.

    Mis ojos fabrican imágenes
    en una secuencia que amasa
    nostalgias y promesas en un postre feliz.

    El aura de mi mujer
    desciende sobre mi
    sonrío un poco
    su beso me ha curado el miedo.


    anuar iván.

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  2. Bello poema, de maceración, de levaduras que quizá rescate esa esquiva alegría. Bello poema. Besos y gracias por tus comentarios, a veces no tengo tiempo para devolver todo lo que me regalan los comentarios. Pero los leo atentamente. Besos bis.

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  3. Y qué entrecortado y breve se escucha, en cambio, el canto de la alegría.

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  4. Ese no saber por qué es el que impide que la ingrávida alegría descienda sobre nosotros.

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  5. Ni lo sabes tú, ni tampoco lo sabría yo. No es fácil responder a ciertas cuestiones.

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  6. Ingrávida, sobre todo eso, ingrávida...

    ... esquiva...

    ... quimérica...

    ... efímera... (sólo nos queda disfrutar esos momentos en que se nos regala)

    ... inaccesible.

    ¿Dónde te escondes, alegría?

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  7. P.D. Me encanta el nuevo aspecto del blog. Sí que eres inquieta, no permaneces demasiado tiempo con una apariencia y eso tiene un aspecto positivo: sorprendes.

    Espero que, pese a lo que transmitan/traduzcan tus versos, todo vaya todo lo bien que pueda ir por tu orilla.

    Besos.

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